28 agosto 2014

Proyecto Casa de Muñecas. Lolita.

Quiero dedicarle una entrada a mi muñeca favorita. Desde el principio, me llamó la atención por ser la más grande y la más realista de todas. Poco a poco, fui concibiendo su personalidad y creé una historia a través de imágenes. Quería presentárosla, pues es una de las partes del proyecto con la que más contenta estoy.



La historia de Lolita


Me habían hablado mucho de la novela de Nabokov, pero nunca era el momento adecuado para leerla. Este verano me dio por ver las dos versiones cinematográficas, la de Kubrick y la de Adrien Lyne, y quedé bastante impresionada, sobre todo por la segunda.

Es la historia de un culto profesor de francés de edad media, llamado Humbert, que debido a un amor frustrado de su adolescencia se ha quedado atrapado en esa fase erótica y sólo siente atracción por las jovencitas inocentes, o, como él les dice, "nínfulas". Por motivos de trabajo, se aloja en la casa de la señora Haze, una viuda que tiene una hija de dieciséis años (en la peli) llamada Lolita. En seguida se enamora de la pequeña, que disfruta tonteando con él. Sin embargo, no es la única que pelea por su atención: la madre también se enamora de él, y Humbert termina casándose con ella para poder estar cerca de la hija. Se trata de un matrimonio falso y la madre termina desengañándose y quitándose de en medio.

Comienza entonces un idilio para Humbert y Lolita, que viajan por los Estados Unidos aparentando ser padre e hija hacia fuera pero comportándose como amantes en la intimidad. Los días bonitos terminan para dar paso a una extraña "vida familiar" en la que Humbert actúa como padre controlador y amante celoso, y Lolita intenta aprovecharse de él y manipularlo para conseguir sus fines. Entre ellos, un admirador de dudosas intenciones. La oscuridad de su amor no puede tener otro final que la tragedia y la soledad.

Después de referir brevemente el argumento (¡espero no haber reventado la historia!), me centraré en el personaje de Lolita, que ha dado nombre a la muñeca. Habiendo estado controlada por su madre, encuentra en Humbert un modo de tener libertad y, a la vez, poder. Este poder se basa en la seducción. Se podría pensar que es cruel con él, sobre todo en la última etapa de su relación, pero no lo es más de lo que él ha sido con ella, arruinándole la vida. Tampoco tiene a nadie más, salvando al admirador, que es un pervertido. Es un personaje trágico, como su final.




La muñeca


Compré a Lolita en una tienda de muñecos del Rastro de Madrid. Venía con ropas de macarra, las sienes recortadas y pintadas en la piel. Debió de pertenecer a alguna choni. Tenía articulaciones de bola, mucha movilidad, por tanto; y era la más proporcionada de todas las muñecas. Me recordaba a una adolescente y decidí no limpiarle las pintadas, considerándolas "tatuajes", y reservarle un destino especial.



Muy pronto, me di cuenta de que la muñeca tenía una tendencia a adoptar posturas eróticas. Posaba muy bien. Su cuerpo era el de una niña, sin senos desarrollados, y con una ridícula ausencia debajo del pubis. Parecía que intentara venderme su inocencia, como una niña que se pinta para parecer mayor. Entonces vi las películas. Había estado haciendo fotos de "la parejita", y había estado investigando con los muñecos y el atrezzo para hacer "postalitas". Decidí atreverme con una sesión de fotos más seria y le di a la muñeca el nombre de Lolita.




Fotografías


Preparé una serie de vestuarios. Abrí el cajón de los vestidos, donde meto la ropa de todos (porque a todos los desnudo nada más empezar), y tomé prestado un vestido de corte inocente. Le hice un lazo de raso para el pelo. Inspirándome en las lolitas japonesas, le confeccioné unos calcetines de encaje y unos zapatitos de colegiala, que no podían faltar para completar la estética naive. Con este vestuario le hice fotos en mi dormitorio, con luz suave, entre la cama, las fotos de familia y una caja de mimbre.










El siguiente nivel era el semidesnudo. Lolita llevaría el sujetador pintado, como lo llevaba cuando la encontré, y un tutú rosa que le ajusté de otra muñeca. Le quité los zapatos, pero no los calcetines. Busqué para la sesión una atmósfera erótica y refinada en el salón, con luz pálida y difusa sobre una silla de época que había por casa. Dicen que lo más excitante no es el desnudo, sino el acto de desnudarse, y dediqué algunas fotos al proceso. Pero siempre ha sido algo difícil de congelar. Le hice un montón de fotos, en diversas posturas, cada vez más insinuantes, enseñando sus partes íntimas a través de los velos del tutú. Me inspiró mucho oír la canción "Corrupt", del disco de Depeche Mode que estaba escuchando, y que habla precisamente de corromper a a una niña. Esta es la sesión que más acorde está con lo que se considera "estética de lolita", en tonos pastel, inocente pero insinuante.

























¿Qué tal, estáis muy calientes?  Pues aún hay más. Quería llevar el fetichismo al extremo, hasta el punto de la dominación y el masoquismo. La desnudé completamente y en primer lugar le até de manos y pies con unas gomas, y después le hice una verdadera sesión de bondage con unos cordones negros. En las fotografías que he hecho hasta ahora, he intentado que pareciera viva, como las muñecas de Bellmer, mediante la postura, el giro de la cabeza y la luz. En esta sesión, sin embargo, Lolita se convierte literalmente en una marioneta, atada y colgada de cuerdas, y algunas de sus posturas son más de muñeca que de mujer. Para esta sesión quería una estética barroca, y utilicé una tela marrón, una luz más dura, un tapete de encaje y la infinitud de posturas de esta muñeca, algunas realmente retorcidas y dramáticas. Pero ella no protestó en ningún momento.































Lolita es una niña que está empezando a ser mujer. Pero no sabe cómo hacerlo. El panteón femenino le ofrece dos modelos de conducta: o "virgen" o "puta". Lolita se mueve entre esos dos ideales, de la extrema pureza a la extrema corrupción, y su poder de seducción acaba volviéndose contra ella, cuando finalmente es manejada como una marioneta por la sociedad del espectáculo.

Con esto ha perdido simbólicamente la inocencia. Está marcada por su propia tragedia. A la hora de montar la instalación, la coloqué en la mesa, sentada sobre el tapete de encaje, de espaldas a los demás y con el maquillaje corrido, como si hubiera estado llorando. Decidí esconder sus fotos en un libro, para que no estuvieran completamente a la vista, y fuera el espectador el que tuviera que rebuscar en su intimidad, como un voyeur. Qué mejor libro para guardar su secreto que la novela que le dio nombre. Así pues, esta parte del trabajo semiescondida en un libro que reposa en la mesita, al lado del sillón y muy cerca de la muñeca.










Proyecto Casa de Muñecas. Influencias.

Para este proyecto, me he inspirado en los siguientes artistas que han trabajado con muñecas de un modo crítico y, muchas veces, perverso. Son un referente estético en este proyecto hasta el punto de haberlos incluido en la instalación como "fotos de familia".

Marisa González


Esta artista es de origen español y ha realizado su investigación entre España y Norteamérica. Es una de las pioneras en la aplicación de las nuevas tecnologías de la reproducción y la generación de imágenes al ámbito artístico. En su obra utiliza de un modo creativo fotocopiadoras, faxes, programas de retoque de imagen y vídeo. Su discurso se mueve entre la tecnología, el cuerpo, la violencia y la defensa de la mujer.
Parte de su obra está centrada en la fotografía de muñecos. 

En la serie "Clónicos", visita la fábrica de Famosa y realiza fotografías del proceso de producción industrial de muñecos.

Marisa González, serie "Fábrica de clónicos", 1993-1997

La imagen de esta artista que más me impactó, y que he tomado para las fotos de familia, fue una fotografía en blanco y negro hecha durante su estancia en Chicago. Se trata de una muñeca abandonada hallada en un callejón del barrio negro. La artista la fotografía de modo que parece una víctima de una violación. En esta imagen, la artista identifica con la muñeca una situación de vulnerabilidad y objetualización de la mujer.


Marisa González. Serie "Violación". 1972-1973

(Más información en la página web de Marisa González)





Jan Svankmajer


Este director surrealista checo emplea multitud de muñecos y títeres en sus películas y, en general, es capaz de animar cualquier objeto mediante la técnica del stop-motion acompañada de efectos sonoros. En este trabajo me he inspirado en su estética decadente, desgastada por el paso del tiempo, que en el caso de los muñecos se convierte el algo siniestro.

Uno de los cortometrajes que más me impresionó fue Jabberwocky, producido en 1971. El título hace referencia a un poema de Alicia en el País de las Maravillas, y es muy adecuado, pues la obra está dedicada al mundo de la infancia, y en ella se desarrollan una serie de escenas más o menos absurdas entre juguetes, libros, uniformes escolares y objetos del hogar. Las imágenes que he tomado para las fotos de familia provienen de una de las escenas más siniestras de este corto, la de la habitación de las muñecas, en la que unas muñecas de porcelana cocinan y se comen a otras muñecas más pequeñas.



Imágenes del corto Jabberwocky, de 1971, dirigido por Jan Svankmajer

(Ver corto en Youtube)

La animación de Svankmajer emplea muñecos y juguetes para expresar traumas y tabúes del mundo adulto. Sus muñecos son caricaturas de la sociedad soviética. Además tiene una gran sensibilidad para los materiales, y cuida mucho las texturas y el estado de los objetos que emplea en sus animaciones. Es un investigador de lo que yo llamo "la vida secreta de los objetos".



Hans Bellmer


Este artista de origen polaco dedica su obra a la construcción y fotografía de muñecas. Trabaja con muñecas rotas, amputadas y recombinadas entre sí. Su primera muñeca, construida en 1933, estaba hecha de madera, metal y escayola; posteriormente elaboró otra muñeca con articulaciones de bola que hacían posible recombinar sus miembros libremente. La imagen resultante es una muñeca deforme, una víctima del culto al cuerpo perfecto del régimen nazi (desnuda por completo salvo los zapatos); pero también es una encarnación de las fantasías eróticas del autor. En la mente de Hans Bellmer, la anatomía se rebelaba contra el orden natural, el cuerpo femenino se identificaba con el masculino y ambos se regían por la violencia y el deseo. En Anatomía de la imagen, explica así su visión narcisista del amor:

"El hombre arrebatado por una mujer y por sí mismo no desespera sino demasiado tarde de pulir el ciego espejo de plomo que la mujer representa, para exaltarse en él y verla a ella exaltarse".
(Hans Bellmer, Anatomía de la imagen, Ediciones La Central, 2010, Barcelona)


Muñecas de Hans Bellmer

El artista tiene una extensa obra fotográfica en la que recoge diversas y delirantes combinaciones de sus muñecas. Realizó un gran aporte al surrealismo al expresar en cuerpo de estas muñecas sus obsesiones, al transformar su anatomía, al violarlas. Es el artista de quien más imágenes he tomado para las fotos de familia, porque son las imágenes más efectivas. Hay otro motivo aparte de la deformidad: en sus fotografías, Bellmer consigue que las muñecas parezcan vivas. A pesar de que su anatomía sea imposible, logra que el espectador halle sentimiento en su mirada, humanidad en su postura, y se produce la identificación. Aunque en el estudio fuera un objeto, en la imagen parece una persona.





27 agosto 2014

Proyecto Casa de muñecas. Teoría.

Sobre las explicaciones que hice en la entrada anterior, me gustaría continuar con la argumentación teórica referente a las"muñecas"...


Creo que ya quedó explicado mi enfoque a las muñecas como objeto lúdico y pedagógico en cuanto a modelos de mujer. Eso hace referencia a la muñeca vista por los ojos del niño (o la niña). A continuación haré unas observaciones que tienen más que ver con el papel de las muñecas en el mundo adulto.


Lo siniestro


El principio que permite querer y aprender de la muñeca es la identificación. Su forma, más o menos idealizada, imita al cuerpo humano, puede articularse e incluso llega a abrir y cerrar los ojos cuando se lo inclina. Muchos sentimos aprensión ante estas demostraciones de realismo, máxime hacia las muñecas de porcelana. ¿Por qué un objeto bello y delicado como las muñecas de porcelana debería darnos miedo? Porque son siniestras. Esta característica de las muñecas es una de las bases estéticas del proyecto.

Comencemos por la definición de lo siniestro. Freud explica en su artículo de 1919 la etimología del término, en alemán 'unheimlich', siendo el contrario de la palabra 'heimlich', que tiene como acepciones la de "seguro", "relativo al hogar", "sagrado"; pero también la de "oculto". Concluye que "lo siniestro es lo reprimido que retorna bajo el aspecto de lo familiar".
(Sigmund Freud: "Lo siniestro", 1919)

Utiliza como ejemplo el cuento de E.T.A. Hoffmann llamado "El hombre de la arena", en el que un joven se enamora de una autómata. La muñeca, Olimpia, representa para él la mujer perfecta: un ideal de belleza, que canta, baila y toca el piano, y que le presta toda la compañía y atención que él quiere, a diferencia de su prometida. Se trata de un amor narcisista. Pero este amor se vuelve obsesivo, y resulta ser la expresión del miedo al padre de la infancia: el protagonista teme que le arranquen los ojos. Olimpia es, según Freud, el complejo del protagonista que se ha separado de él y se le enfrenta. Pese a que intenta vivir una vida normal junto a una mujer real, su obsesión persiste y le lleva a encontrar un trágico destino.

Hay otra definición de lo siniestro dada por Jentsch, contemporáneo de Freud, para quien lo siniestro es lo novedoso, lo no familiar, aquello que no se puede explicar. Destaca como siniestra por excelencia la duda de que un objeto aparentemente inanimado esté vivo, o a la inversa, de que un ser vivo resulte ser un cuerpo inerte.
(Ernst Jentsch: "Sobre la psicología de lo inquietante", 1906)


Esta es la idea que corre por nuestra mente a la vista de un autómata o un muñeco de cera, y resulta abrumadora frente a los robots más modernos que tienen piel de silicona, y que pueden moverse, gesticular y hablar (por ejemplo el modelo japonés Actroid). Están pensados como robots de compañía y para prestar servicios de cara al público; pero su parecido es tan grande que resultan inquietantes. Se encuentran en el nivel más alto de la escala del Uncanny Valley, o "Valle siniestro", una teoría muy conocida en el campo de la robótica según la cual, cuanto más parecido es un robot a un humano, más agradable resulta; pero a altos niveles de realismo llega un punto en el que pasa de provocar una fuerte atracción a un fuerte rechazo. Aquí entraría en juego lo siniestro, desde la visión de Jetsch.
(Wikipedia, página del Valle Inquietante)






He hablado de la muñeca como mujer ideal. En el libro "Máquinas de amar" de Pilar Pedraza he encontrado muchos ejemplos maravillosamente explicados de mujeres artificiales en la literatura y el cine. Esta inteligente investigadora abre su ensayo con el siguiente párrafo:

"Hay una fantasía flotando, tenaz, en nuestra cultura desde hace siglos: la de que el hombre creó a la mujer. Y otra aún más osada: la de que el hombre produce criaturas femeninas más hermosas y mejores que las mujeres, con las que puede sustituir a éstas con ventaja para lo bueno y para lo malo, para el amor sublime y para la paliza mortal. Esta última falacia es muy persistente".
(Pilar Pedraza: Máquinas de amar. Secretos del cuerpo artificial. Ed. Valdemar, Madrid, 1998)

Una de las primeras narraciones que cumplen estas fantasías es el mito de Pigmalión y Galatea, recogido por Ovidio en sus Metamorfosis.

El mito de Pigmalión y Galatea


Había en Chipre unas mujeres, llamadas las Propétides, que no reconocían la divinidad de Venus. La diosa las convierte en piedra, y ellas, privadas de pudor y de ternura, se dedican a la prostitución. Pigmalión, el rey de Chipre, las desprecia por ello, y hace este odio extensible a todas las mujeres, viviendo soltero y solo. Decidió tallarse una mujer de marfil, que sería la única pura y digna de su amor. Creó una figura bella como la diosa del amor, y se enamoró de ella, al punto de que la empezó a tratar como su amada, haciéndole regalos, vistiéndola y durmiendo con ella. El día de la fiesta de Venus, Pigmalión hizo una ofrenda y rogó para encontrar una esposa como la joven de marfil, pues no se atrevía a pedir directamente que fuera ella misma. Venus se apiadó y e infundió vida en la piedra, y así al volver a casa Pigmalión encontró a su amada  en la cama, y al tocarla comprobó que estaba viva.

Se casaron, y su descendencia tuvo extraños amores: su hija Pafos tuvo a Cíniras, que cometió incesto con su hermana Mirra, de quien nació Adonis, joven que fue amante de la propia Venus.
(Ovidio, Metamorfosis, X).

El mito de Pigmalión ha tenido una gran repercusión en la cultura occidental y se ha representado numerosas veces en el arte la imagen de la estatua cobrando vida de manos del artista en el taller. Lo que más me interesa de este mito es la idea de la mujer ideal creada por y para el hombre, un espejo narcisista, incapaz de moverse ni de hablar, sin deseo propio y sin libertad. 

Aunque se podría pensar que la historia de Pigmalión y Galatea no tiene que ver con el proyecto, quería contarla por ser la primera mujer artificial, creada para ser un objeto erótico y un ideal de belleza. Las muñecas que me interesan no están creadas para el amor, sino para el juego y el aprendizaje; pero todas beben del mismo imaginario masculino.





07 agosto 2014

Old friends

Te vas, y dejas la taza vacía en la mesa.

La noche fue tan divertida... Hablando y riendo, entre el arroz y la ginebra, mientras tecleabas en la máquina de escribir las primeras páginas de algún best-seller. Me dijiste que te sentías en familia. Yo dudaba que aún pudiera resultar acogedora para nadie. Anoche nos quitamos las armaduras de pinchos y las máscaras que llevamos siempre para disfrutar de la intimidad, para tomarnos el pelo, para mostrar nuestras heridas de guerra.

Esta mañana te has marchado temprano y me he quedado mirando tu taza vacía en la mesa. Y he dado las gracias por que después de tantos años siguiéramos siendo amigos. Incluso he dado las gracias a nuestros torturadores, en esa cárcel que llamábamos colegio, porque nos maltrataran y así pudiéramos conocernos y querernos. Porque, si no hubiera sido así, si nos hubiéramos conocido ahora... no sería lo mismo. Llevaríamos nuestras máscaras y nos cubriríamos la sensible piel con armaduras de pinchos -que son imprescindibles en este mundo tan violento-. Quizá no fuéramos capaces de atravesarlas y nos perderíamos lo mejor de nuestro ser. La violencia de este mundo nos enseñó de pequeños a construir una armadura... al margen de nosotros.

Ahora, mientras te imagino cogiendo la bici, no puedo dejar de alegrarme de que, pese a las batallas perdidas, la inocencia en peligro de extinción y un sabor cada vez más ácido y amargo en la boca; todavía tenga algo que darte y pueda verte desnudo, a ti que siempre me regalas lo que eres.

Recojo nuestras tazas y me pongo a trabajar.



03 agosto 2014

Proyecto Casa de Muñecas. Presentación del proyecto

"Soy tu muñeca rota.
Me vistes, me peinas, me haces hablar...
Y ahora me quitas lo más íntimo: el deseo"

Muñecas rotas. Sin sexo, sin cabeza, quiméricas, quemadas, transexuadas... víctimas de la cultura, de la dictadura de la imagen. El hombre proyecta su ideal en las representaciones que hace de sí mismo. Hay proyecciones de todo tipo: con un fin estético, como los maniquíes, práctico, como los robots, y también lúdico. Este es el caso de las muñecas.




Llevo un par de años haciendo proyectos sobre los medios de comunicación y la dictadura de la imagen, y ahora le ha tocado el turno a los muñecos, por los que siento una atracción especial. Me interesan sobre todo las muñecas, porque, como decía, son una proyección del ideal femenino con un fin lúdico, pero también pedagógico. Mientras que los niños siempre han jugado con coches, pelotas, monstruos, indios y vaqueros; a las niñas se les daban muñecas con forma de bebé. Se les enseñaba así a ser una buena madre. Los niños tienen dinosaurios, robots y Action-man, o lo que es lo mismo, hombres de acción; y no encuentro una heroína a la altura de las niñas, cuya muñeca favorita es la Barbie. A la niña a la que se le da una Barbie para jugar se le está educando para que de mayor sea como la muñeca, una mujer-objeto; además de perfecta ama de casa. Una conocida, y madre de dos hijos, se quejaba así de las expectativas de las niñas:

"Claro, como las niñas juegan con Barbies, de mayores todas quieren ser como la Barbie: llevar ropa muy fashion, con el pelo fashion, y las uñas pintadas fashion; y esperan que vayas a todos lados guapísima, y que además trabajes y hagas las tareas de casa y que sepas informática e idiomas..."

Es cierto que la Barbie ha tenido muchos oficios desde mi infancia, cuando sólo cambiaba de vestido; pero su destino sigue siendo casarse con Ken, su príncipe azul, y vivir en un mundo de lujo y felicidad.  Las muñecas más modernas, como las Monster High, creo que son aún peores modelos de conducta porque son básicamente guarrillas de instituto que salen con los guaperas de clase, y por mucho que pretendan ser las defensoras de la diferencia y de lo raro, todas son anoréxicas, llevan plataformas y se pintan como puertas. Estas muñecas que orientan al consumo y a la belleza física son el relevo de las antiguas muñecas de porcelana, que se cuidaban con tanto mimo como a un hijo o una hermana pequeña.




En este proyecto titulado "Casa de Muñecas" me propongo modificar y recombinar estas muñecas para crear muñecas alternativas: feas, monstruosas, deformes; muñecas que manifiesten somáticamente la represión para la que se han diseñado, y que se impone a las mujeres en general y a las niñas en particular. Y es que la Barbie, la Monster High o la muñeca de porcelana comparten todas el mismo cuerpo femenino sin sexo y, por tanto, sin deseo.

"Casa de muñecas" se plantea como una instalación que recree este ensueño de infancia y deseo controlados, que sea un recorrido por el que el espectador se mueva, toque y descubra; recogiendo tanto elementos objetuales -como las muñecas- como gráficos (fotografías y carteles) que conforman una escenografía, para dar la ilusión de ser un espacio habitado por estos seres, es decir, una casa de muñecas.

16 julio 2014

Estampadores de conciencia. Exposición en el Matadero.




"Estampadores de conciencia" es una exposición organizada por la Central de Diseño del Matadero como complemento de la exposición itinerante "Agitadores de conciencia". Se puede ver hasta el 3 de septiembre, es una convocatoria de "Con dos colores" -los responsables de la anterior exposición de la Central del Diseño- y en ella han participado algunos compañeros de Bellas Artes.

La exposición está muy bien y recomiendo su visita a todo al que le guste el arte crítico. La verdad es que me recordó lo bonito que es el cartelismo y me dieron ganas de ponerme a ello. Había propuestas variadas, dentro de la problemática social, política y económica española, y todas ellas se acogían al formato de la plantilla de plástico sobre la que se usa spray o se hace un estarcido.

En la pared de enfrente, pero en la misma línea, estaban los carteles de "Agitadores de conciencia", una exposición internacional que destacaba por su variedad de estilos y la impresión en color. Quizá porque eran diseñadores consagrados o porque estaba menos acostumbrada a ese tipo de mensajes, el caso es que me gustó más esta parte de la exposición que la nacional. Había tal variedad de temas que cada uno se fijaría en el que más le interesara; yo me quedo con estos dos carteles sobre la mujer y el cuerpo:





La estética del Matadero, que yo denomino "elegancia cutre", combinaba muy bien con el rollo moderno de protesta grafitera, y habían creado una suerte de escenografía con palés, cajas y cubos de basura. La exposición de las obras también era bastante original, estampadas sobre cartón o plástico, pegadas en las paredes o bien colgando en mitad del pasillo y formando una pared cogida con pinzas. En ese sentido, muy bien comisariada. Había cervecita y un dj en la inauguración, que fue este viernes 11, y el público era en su mayoría joven. 




Me gustaría hacer un par de reflexiones que me suscitó la exposición. En primer lugar, el redescubrimiento del diseño. No tenía grandes expectativas antes de verla, sólo sabía que era "de diseño", y me esperaba una serie de cositas monas e inofensivas. Nada más lejos. La mayoría de los carteles contenían un mensaje demoledor y lo comunicaban de un modo inmediato y unívoco... y eso es un arte. Así que me comí mi orgullo de bella-artista y volví a respetar al diseño, que realmente es una disciplina más dentro del arte y lo complementa. En un cartel hay tanta estética como en un cuadro, al fin y al cabo todos manejamos las leyes de la percepción.

Otra cosa que me llamó la atención fue la reacción del público, que invariablemente se puso a hacer fotos con el móvil. Creo que eso puede ser un buen indicador del éxito de una exposición hoy en día. Si sacan fotos, es que les gusta tu obra. 




Y no sé qué pensar de esto. Yo también sentí el impulso voyeurista nada más poner el pie allí, pero me contuve porque supe que terminaría fotografiando la exposición entera. Preferí ver los carteles con mis propios ojos en vez de con el de la cámara. Una reflexión que surgió entre el grupo de "Nadeo" fue que los graffitis, para ser realmente reivindicativos, deberían estar en la calle y no en una sala de exposiciones. Y es que por muy alternativo que sea el Matadero de entre todos los cubos blancos, no puede compararse a la visibilidad y la veracidad que cobrarían estas pintadas en las paredes de ladrillo de las calles. Y este método expositivo sería más coherente con los carteles, que podrían perfectamente iluminar cualquier manifestación de indignados.

Pero, por mucho que los Estampadores de Conciencia abran la exposición con el eslogan "ADVERTENCIA! ESTA EXPOSICIÓN PUEDE HERIR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNAS PERSONAS, SI ES QUE AÚN LA TIENEN..." están dentro del sistema, y al fin y al cabo terminan jugando a su juego. Los artistas se arriesgan a que sus obras terminen siendo meros objetos fotografiados, olvidados y almacenados en la galería de un smartphone.