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02 junio 2016

Child of Light: un cuento de hadas para niños, y no tan niños

Ya sabéis que me gusta compartir las cosas buenas. Hoy os traigo una reseña de un juego que he terminado recientemente: Child of Light, de Ubisoft. Cuando me lo regalaron mis amigos, pensaba que iba a ser un RPG más; pero, en cuanto lo empecé a jugar, me di cuenta de que era un juego muy especial. Ahora les estoy muy agradecida por haberme regalado esta experiencia de juego. Pero, antes de empezar con la reseña, como siempre, un poco de música.



Eres una joven princesa, llamada Aurora, que de repente cae en un profundo sueño y viaja a un mundo mágico: Lemuria. Para poder volver con su padre, el Duque de Austria, tiene que vencer a la Reina de la Oscuridad, que ha conquistado este mundo de ensueño y lo ha sometido, y hacer que los lemurianos vuelvan a ser libres y felices. Esta es la premisa del juego, realmente sencilla, y que recuerda a los héroes de cuento clásicos. El juego sigue las fórmulas de fantasía épica habituales, pero innova en la forma de contar la historia -dame lo mismo, pero distinto-.

Una de las cosas más auténticas del Child of Light es su estética. Uno tiene la sensación de estar dentro de una acuarela. Es maravilloso jugar sobre estos dibujos. Los personajes y escenarios están diseñados con dulzura, y combinan animación 3D (la figura de Aurora) con ilustraciones a lápiz y pastel (en los diálogos). La verdad es que no me alcanzan las palabras para describir la belleza estética del juego, así que mejor os pongo unas imágenes.



Como podéis ver, el juego es un regalo para la vista. Pero también lo es para el oído. La música, compuesta por Coeur de Pirate, es realmente bonita. Melodías de piano, cello, flauta y violín que crean una atmósfera de fantasía; y coros para los momentos de acción y batalla. Una banda sonora muy agradable, con unos temas que se van repitiendo y variando a lo largo de la aventura.

El argumento del juego no es nada complicado, una historia de buenos y malos, tú eres la princesa de la luz tienes que salvar al mundo de la oscuridad. A través de las dificultades de tu aventura y gracias a la ayuda de los amigos que irás haciendo, crecerás y conseguirás convertirte en una princesa de verdad.  Al principio, mientras Aurora es niña, parece todo muy happy; pero a partir de cierto momento hay un giro argumental, empieza a morir gente y todo se vuelve más turbio. Claro que estas son las cosas que hacen crecer a Aurora, precisamente. Comienza siendo una niña que ha perdido a su papá, que no quiere que la llamen "princesa" y a la que la espada le viene grande, y termina siendo una mujer que libera a los lemurianos de la Reina de la Oscuridad. Me pareció muy bonito cómo maduraba, cómo lograba creer en su propio potencial y en el de sus amigos, y me encantó verla crecer a base de penurias y abandonos.






Las edades de Aurora


Sin embargo, la historia sigue la línea anteriormente descrita en la que los buenos son buenos y los malos, malos. No hay medias tintas, por decirlo así, ni podemos elegir de qué bando nos ponemos. A mí eso se me hacía un poco raro, después del Life is Strange y el Undertale, que son tan distintos. Estaba esperando alguna explicación de por qué la Reina de la Oscuridad era tan mala... Habría sido interesante pasarse al bando de la oscuridad y ponerse vestidos negros... (qué otro sentido puede tener un traje oscuro para Aurora?). Y convertirse en dragón, quizá. Molaba que los malos se convirtieran en dragones, le daba un toque épico a la historia.




Ya tenemos los personajes básicos del cuento, la princesa y la reina malvada (protagonista y antagonista), pero eso no es todo lo que un cuento de hadas necesita. Aurora tiene un acompañante llamado Ignículus que es nada menos que un elemental de luz; y a lo largo del camino va conociendo a una serie de personajes muy variados que serán sus compañeros de aventura, con distintas habilidades para la batalla, y con distintas personalidades también. Después de ayudarlos con misiones secundarias, se unen al grupo. Es una gozada verlos hablar en verso, aunque a veces la rima sea un poco caprichosa, le da un toque muy dulce al juego. Me gustaban los diálogos de Rubella, la bufona fracasada, porque era incapaz de rimar y siempre terminaba las estrofas con la palabra equivocada. Antes de que el resto de personajes le corrigiera, yo siempre intentaba encontrar la palabra que rimaba (entraba en el juego de hablar en verso, por decirlo así). La verdad es que había muchos personajes femeninos fuertes. Las mujeres de Lemuria son poderosas y carismáticas.





Mecachis! No encuentro capturas de Rubella en español. Bueno, así os quedáis con ganas de jugarlo :)

Por último, algunos comentarios sobre el sistema de juego. Se trata de un juego de RPG, en el que exploramos un mundo y vamos peleando con enemigos y abriendo puertas y encontrando tesoros. Podemos volar, así que podemos llegar a casi todos los rincones. A veces me quedaba extasiada con la belleza de los paisajes, aunque a la larga se me hacía un poco pesado tener que estar todo el tiempo peleando contra monstruos y recogiendo tesoros. De vez en cuando te encuentras con algún puzzle que tienes que resolver para seguir tu camino, lo que le da un poco más de chicha al juego (aunque todos los puzzles son similares, tienes que utilizar la luz de Ignículus para abrirlos). Ignículus se merece una mención aparte, ya que es un compañero que te permite curarte, recoger bolitas de vida, iluminar pasajes oscuros, asustar a bichos e incluso abrir cofres. De hecho, hay cofres hechos especialmente para él en todas las pantallas, existe la posibilidad de jugar con otra persona que controle a Igniculus y por eso tiene tantas acciones. Igual que la manera de recoger las bolitas que desprenden los "brillos", le añade una pequeña dificultad al juego.
De todos modos, en general el juego resulta fácil de jugar. En 18 horas de juego, creo que he muerto tres veces. Y nunca me he quedado atascada y sin saber qué hacer. Sólo miré la guía al final, para resolver unas misiones secundarias que me habían quedado pendientes. Todos los compañeros del grupo ganan experiencia, aunque no hayan salido a pelear, por lo que suben de nivel rápidamente y aprenden nuevas habilidades; y como tienes una gran cantidad de compañeros, con distintas habilidades, puedes irlos rotando según el enemigo contra el que pelees. Al principio me costó un poco acostumbrarme al sistema de batalla por turnos (eliges qué acción quieres hacer y tienes que esperar a recorrer la línea de tiempo para realizarla), pero luego le acabé cogiendo el tranquillo.





Arriba: sistema de batalla por turnos. Abajo: árbol de habilidades de un personaje


Para mí, el Child of Light es un juego de disfrute sensorial, más que intelectual. Está hecho para perderse en sus acuarelas, en sus versos y en sus melodías de piano. Para disfrutar de los elementos típicos de los juegos de rol: subir niveles, conseguir habilidades y objetos nuevos, matar bichos feos, resolver puzzles, hacer misiones... quizá no sea el favorito de todos, pero si os gustan los cuentos de hadas, os gustará. A mí me ha parecido precioso, sobre todo por la estética, que sirve perfectamente a la idea del juego y te lleva de vuelta a la infancia, haciéndote sentir inmerso en un cuento de hadas.

Creo que me he dejado algunos detalles de menor importancia, pero así os lleváis una sorpresa cuando lo juguéis. Lo podéis adquirir en formato digital por 15€ a través de Uplay. Vale la pena.




31 diciembre 2015

Life is Strange: completo

Para los que ya habéis jugado Life is Strange, voy a hacer algunos comentarios sobre este magnífica aventura gráfica que con que nos hemos adentrado en los misterios de los viajes en el tiempo.

¡Ojo! si no lo has jugado, no intentes viajar al futuro leyéndote esta entrada de pe a pa: te vas a enterar de todos los secretos de guión y jugarás con ventaja, pero te vas a perder la sensación de sorpresa maravillosa que te brinda el juego, cuyo guión es genial y se supera capítulo a capítulo. ¡Mejor que vivas el presente y te lo compres (o piratees) ya!


29 diciembre 2015

Life is Strange: presentación

Hoy os traigo la reseña de un videojuego realmente delicioso y de calidad: Life is Strange. Antes de empezar, os sugiero que os pongáis esta música de fondo para ir creando ambiente...



Imaginaos que sois una joven estudiante de instituto que un día descubre que tiene el poder de retroceder en el tiempo. Con esta premisa, Dontnod Entertainment y Square Enix han creado una aventura gráfica que nos transporta a una pequeña ciudad del noroeste americano, Arcadia Bay, y a la vida de los chicos de instituto. Max, la protagonista del juego, ha vuelto a la ciudad después de estar estudiando fuera unos años y va a la academia Blackwell para estudiar fotografía. Al principio todo parece normal, la vida cotidiana, los profesores, los compañeros de clase, los atardeceres; pero en cuanto Max descubre que puede rebobinar el tiempo, todo empieza a volverse muy turbio y empiezan a peligrar las vidas de los que le rodean.

El juego está encaminado a resolver un misterio y nos toca hacer de detectives para encontrar a una chica desaparecida y descubrir quién pudo ser su captor de entre todos los sospechosos, para ello usaremos los poderes especiales de Max. En nuestra aventura tendremos aliados, como Warren, el friki de clase, y Kate, la chica cristiana que sufre acoso escolar; y también enemigos, como Victoria y Nathan, los guays del instituto. En el centro de todo estará Chloe, nuestra mejor amiga, una chica carismática y rebelde que nos meterá en un montón de líos mientras nos adentra en los misterios de Arcadia Bay.


Jugando a ser detectives


Otro de los elementos importantes del juego es que está basado en las elecciones que toma el jugador. Constantemente hay que tomar decisiones que afectan al desarrollo de la historia y que pueden costarle la vida a los personajes que rodean a Max. En muchos casos, podemos rebobinar para ver qué es lo que pasa si elegimos la otra opción, y entonces decantarnos por una u otra. Pero hay decisiones que no tienen vuelta atrás. Con esta mecánica, hacemos que Max se parezca cada vez más a nosotros mismos y nos acabamos identificando mucho con ella. El juego tiene distintos finales según las elecciones que se hayan tomado y hace que la experiencia de cada jugador sea distinta.

Los últimos juegos que jugué antes de este eran de saltar por el mundo e ir matando bichos. Sin embargo, aquí no hay que usar la fuerza, sino la inteligencia: hay que colarse en despachos, cotillear documentos, sonsacar información, resolver puzzles mediante el control del tiempo, y hay que jugar muy bien las bazas que uno tiene. Y apoyar a ciertos personajes... y cargar con las consecuencias, incluso estar dispuestos a infringir nuestro propio sentido del Bien y del Mal por amor.

El juego también tensa la cuerda emocional constantemente, poniendo a Max en situaciones límite y haciéndole sacar una parte de su personalidad que estaba oculta. Comienza siendo una chica tímida sin mucha fe en si misma y a través de los desfíos del juego tendrá que desarrollar su coraje y sus habilidades interpersonales.

Sin embargo, lo que al principio parecía un juego de niños se irá volviendo cada vez más turbio, con el avance de los capítulos todos empezarán a ser sospechosos. Max empieza a perder el control de sus viajes en el tiempo y de las consecuencias que pueden tener, empieza a haber realidades paralelas y Arcadia Bay empieza a colapsar sobre sí misma.


Max tiene que hacer lo imposible por proteger a sus seres queridos

No quiero destriparos más el juego. Si lo que he escrito hasta aquí os suena bien, esperad a ver los vídeos que se pueden encontrar en Youtube de gente que lo juega (buscando Life is Strange gameplay). La estética es preciosa, bastante realista pero a la vez inocente, y crea unos ambientes entrañables. Recuerdo con especial cariño la habitación de Chloe y la luz de atardecer que entraba por la ventana e iluminaba las motas de polvo. El diseño de personajes está muy bien, te sorprende lo profundos que pueden llegar a ser, y la escenografía está aún mejor. Creo que no se necesita un ordenador especialmente potente para jugarlo, mi portátil tiene seis años y sólo tuve que bajar un poco la calidad del vídeo para que no me fuera a trompicones. Otro de los puntos fuertes es la música del juego, la banda sonora suena a música indie y a punteos de guitarra, con algunos cantautores rockeros y para los viajes en el tiempo, música más experimental y aérea. Muchos de los temas han sido compuestos por el grupo francés Syd Matters.


El juego tiene atmósferas muy cuidadas, como la que hay en la habitación de Chloe (sentada a la derecha) cuando se reencuentra con Max (izquierda) después de cinco años sin verse.


Se me olvidaba, el juego está en inglés y tiene subtítulos, puede ser un poco complicado para los que no dominéis el idioma (tiene un lenguaje coloquial); pero de momento creo que no se va a traducir a otros idiomas. ¿Cómo conseguirlo? Yo lo he jugado en Steam, en el ordenador, pero también está para Playstation y XBox. En Steam me costó 20€... y os lo digo sinceramente, merece mucho la pena gastarse ese dinero para vivir la experiencia del juego. De hecho, con todo el equipo que tiene detrás, me parece increíble que no pidan más por él... son cinco episodios y cada uno dura entre dos y tres horas, dependiendo de cuánto te guste enredar y cotillear. Puede ser un buen (auto)regalo de Navidades, pero absténganse los que estén de exámenes, porque engancha.

No suelo jugar a videojuegos; de hecho, creía que para mí habían quedado en una cosa de la adolescencia. Pero Life is Strange me ha recordado que un videojuego no es sólo entretenimiento, sino que puede ser una experiencia en todos los sentidos, tan enriquecedora como otros tipos de cultura, que te transporta a otros mundos y que deja una huella en ti.




Si habéis jugado el juego, he escrito una reseña sobre el juego completo, con los spoilers. ¡Absténganse de leerlo los que los quieran jugar!

25 diciembre 2015

Donde duermen los libros

En esta ocasión voy a hablaros de un amigo que se está muriendo: se trata de la librería Multilibro. Su dueño, Ángel, después de muchos años comprando y vendiendo libros de segunda mano, se ve obligado a cerrar el negocio porque se le acaba el contrato con el propietario del local. Me da mucha pena que vaya a cerrar, porque soy asidua de la librería desde que vivo en Madrid... y quería compartir con vosotros este rincón tan especial donde duermen los libros.




¿Cómo os podría describir esta librería tan singular? Llama al visitante con una mesa en la calle atestada de libros baratos. Al entrar, desde el suelo de parquet hasta las estanterías blancas, todo lo inundan los libros: libros en el suelo, desparramados y en forma de torre, rodeando la mesa del librero, parecen una colonia de champiñones. Son los libros sin catalogar que esperan su turno para ser revisados por Ángel, el dueño de la librería. La primera vez que entré, hace ya cinco años, me encantó el aire desordenado pero acogedor de este sitio, y me llamó la atención que siempre había buena música clásica de fondo. Empecé a conocer a Ángel, que sabe un montón de música, y con el que se puede charlar de todo (le acababa contando mi vida cada vez que iba). Siempre pensaba que me iba a encontrar a alguien interesante, y nos íbamos a enamorar e íbamos a salir del brazo de la librería... pero eso nunca pasó, y acababa yéndome con un libro bajo el brazo, que tampoco está mal.

Ahora que lo pienso, la mitad de mi colección de libros de Madrid ha salido de las estanterías de este sitio. Tiene tantas cosas, y tan baratas (por lo general, un libro te vale entre 1 y 5 €, a no ser que sea de coleccionista); que siempre que entraba acababa llevándome algo. Aquí es donde compré, por ejemplo, El arte de amar y El arte de escuchar, de Erich Fromm; y con ellos descubrí el encanto de los libros subrayados y anotados por otros. También husmeé largamente las secciones de cómic y revistas viejas... así es como conseguí unos números viejos de Ranma 1/2 de la primera vez que se publicaron en España, en formato grande; además de un manga erótico buenísimo, súper gracioso y ochentero, llamado Ogenki Clinic, que hizo las delicias de mis amigos. También me gustaban las revistas viejas... (de la época de Franco e incluso anteriores), y llegué a encontrar tebeos de cuando mis padres eran pequeños. La sección de Filosofía y de Literatura Clásica no se libraba de ser revisada, aunque he de decir que no me leía todo lo que compraba, y en mi mesa se iban apilando los libros a imagen y semejanza de la librería de la que habían venido. Otra de las adquisiciones sonadas es un libro del que tengo que colgar un resumen algún día: The HOMO handbook, un manual de Judy Carter para salir del armario. ¡Estaba pidiendo a gritos que lo sacaran de esa estantería! Por último, siempre me arrepentiré de no haber comprado aquella novela libertina tan rara llamada Las once mil vergas, de Apollinaire. Volví al cabo de dos semanas dispuesta a entregarme a la tentación y ¡zas!¡ya no estaba! alguien más pervertido que yo se me había adelantado.

Libros llenos de polvo, libros garabateados, libros del año de Maricastaña, libros que esconden secretos... libros que llevan la huella del tiempo en sus páginas y en el lomo y que esperan, dormidos, que alguien los devuelva a la vida leyéndolos. Quizá por eso hay un aire de "sueño" ahí dentro. Una vez entras, te atrapa y es difícil que un libro no acabe llamando tu atención... me gusta tanto que en  2014 grabé un corto en esta librería: se llama Metrópolis y lo realicé con Nayla Novotny.



Fotograma de Metrópolis, rodada en la librería Multilibro. Para ver el corto visita mi Canal de Youtube.

Así que esta es mi esquela para mi librería de segunda mano favorita de Madrid. ¿Qué digo esquela?... ¡elogio! Todavía no ha cerrado. Iba a cerrar el 31 de diciembre, pero hace un par de días me pasé a despedirme del dueño y me insinuó que tal vez podría estirar unos días de enero. Así que aún estáis a tiempo de pasaros a conocer este sitio tan lleno de encanto antes de que cierre. Quién sabe, quizá podéis encontrar un regalo para las Navidades... yo os digo que hay libros para todos los gustos. Y baratos. Y, si no encontráis lo que buscáis, podéis preguntarle a Ángel, que es muy simpático.

¡Casi se me olvida dar la dirección! Fernando el Católico, 69. Muy cerca del Intercambiador de Moncloa y de los bajos de Argüelles. ¡De verdad, merece la pena visitarla!

20 junio 2014

Sólo los amantes sobreviven. Una película de vampiros poco convencional.

Desde el primer plano, sabemos que lo que vamos a contemplar no es de este mundo. En su nuevo largometraje Sólo los amantes sobreviven, Jim Jarmush nos introduce en un viaje espiritual por la vida diaria -o mejor dicho, nocturna- de dos vampiros del siglo XXI.



Adam y Eve   son una pareja de seres milenarios que contemplan desde fuera la caída de la Humanidad. Han sobrevivido a las guerras, han conocido a los grandes artistas y científicos de la Historia, son extremadamente cultos y sensibles... pero necesitan beber sangre para sobrevivir. Reúnen lo más espiritual y lo más carnal del hombre. Son vampiros, y lo percibimos en su modo tan elegante de andar, en su modo de llamar a las cosas por su verdadero nombre, y en su percepción del tiempo, mucho más dilatada que la de los mortales. Podrían ser dos personajes hieráticos e inexpresivos, como estamos acostumbrados a ver, pero realmente nos los creemos y es inevitable empatizar con ellos. Son hermosos y sabios, pero a la vez están marginados y son terriblemente frágiles. Condenados a vivir lejos de la luz del sol y a ocultarse de los zombis, como llaman a los humanos; aunque los necesiten y recurran a métodos inofensivos para conseguir su alimento. Cuando están hambrientos, uno siente verdadera pena por ellos, en cierto modo son como drogadictos que no pueden vivir sin su dosis.



Adam (Tom Hiddleston) es un hombre melancólico, dado a encerrarse en sus meditaciones y en su oscura música. Posee una habilidad increíble con los instrumentos de cuerda y una curiosidad inacabable por el progreso científico. Pero le pesa la inmortalidad y ha perdido el sentido de la vida. Lo vemos languidecer en su mansión de las afueras de Detroit, abarrotada de cachivaches viejos, fotografías de viejos amigos (algunos muertos hace siglos) e instrumentos musicales de toda clase. Su aspecto es de un hombre de treinta años, de piel pálida, pelo largo y enmarañado y estética grunge. Es la imagen del poeta romántico y amargado vestido al estilo de los años 70. Recuerda a Eduardo Manostijeras y a Sueño, el héroe masculino del cómic Sandman (Neil Gaiman).

Eve (Tilda Swinton) es una especie de hada del bosque, son sus rasgos afilados, su esbelta figura y su pelo pajizo y mortalmente blanco. Aparenta algo más de edad que Adam, y también parece haber "nacido" antes. Es el complementario de su amante. Mientras que él se interesa por la ciencia, ella está muy ligada a la naturaleza y es capaz de saber la antigüedad de un objeto con sólo tocarlo. Es tierna y compasiva, y conserva la fe en la vida. Vive rodeada de libros antiguos en un hermoso piso perdido en las callejuelas de Tánger. Es como una versión siniestra y algo masculina de una doncella renacentista.



   



Lo que hace a esta película diferente del resto es la naturalidad con la que se nos presentan los vampiros. Cuando uno piensa en una película de vampiros, espera ver la dentellada en el cuello y el rito orgiástico de beber la sangre. Al fin y al cabo, eso es lo más morboso de los vampiros, la sublimación sexual a través del canibalismo. Y, sin embargo, Jim Jarmush habla de la cotidianidad de estos vampiros sin ningún espectáculo. Y lo hace de modo que cada movimiento es pura poesía. El guión está lleno de pequeños momentos mágicos, como aquel en el que bailan en el salón. La imagen está muy cuidada, la iluminación es tenebrista, y la cámara se recrea en la belleza de los actores. Otra joya de la película es el sonido. La banda sonora corre a cargo de SQÜRL y Josef van Wissen y combina música arábiga con rock sinfónico de un modo que te pone en trance. La música es también parte de la identidad de los personajes: la música de Eva es mágica y misteriosa, mientras que la que compone Adam te envuelve en una atmósfera pesada. Es como si una te elevara a la vida, y la otra te arrastrara a la muerte. Ambas músicas resuenan en la misma danza en espiral.









Condenados a vivir de noche hasta el fin de los días, Adam y Eve son una pareja de extraños que no pertenece a ningún lugar. Son héroes solitarios, y sólo se tienen a sí mismos -y a los pocos amigos de su clase que les quedan-, y están siempre en el límite del Bien y del Mal. En esto, se parecen mucho a los personajes de las road movies americanas, y se nota la influencia de este género en la película, y en cómo se recrea en los viajes por la carretera. Hay además un fetichismo por lo antiguo, por lo desvencijado, evidente en la decoración de la casa de Adam, que no deja de ser un regalo para la vista. Nosotros también amamos la decadencia.





Esta película hace de contrapeso cultural a las últimas películas de vampiros fast food que hemos podido ver (como Crepúsculo). En ellas se banaliza e incluso se domestica la figura del vampiro. Se es vampiro como se es gay. Los vampiros de Jarmush son tan humanos como los humanos. Si hubiera de compararlos con un referente literario, serían las Crónicas Vampíricas de Anne Rice. Sus vampiros, elegantes y sensuales, sufren a causa de la inmortalidad, y también son testigos del mundo. No castran su demonio interior (que sería el ideal de Crepúsculo), sino que dialogan con él, por decirlo así. Creo que en las películas de Entrevista con el vampiro y La reina de los condenados, que fueron la adaptación al cine de las novelas, se recrearon bastante en lo más visceral de los vampiros; pero guardo el recuerdo de los vampiros de Anne Rice como criaturas de gran profundidad.





En resumen, Sólo los amantes sobreviven es una película llena de sensibilidad, que merece la pena ser vista. No es la típica película de vampiros, y se desarrolla más como un drama que como cine de terror o de fantasía. Un regalo para los sentidos.


24 abril 2014

Amelie





Ya estaba tardando en hablar de Amelie. Fue una de las películas que marcaron mi infancia. Yo no entendía del todo a esa chica que empleaba su vida en hacer sonreír a los demás, pero veía en ella un modelo a seguir.

Hoy quisiera hablar sólo de la banda sonora. El cabrón de Yann Tiersen consiguió hacer una música que hablara por sí sola del espíritu de Amelie, que condensara su esencia sin necesidad de las imágenes. Magia, esperanza, alegría, ilusión, fragilidad. Todo eso se siente en esta música. Desde hace unos años, cada vez que la escucho me embriaga de tristeza. Me hace pensar en un sueño de felicidad que se ha desvanecido.

28 diciembre 2013

Psicodelia

Cierras los ojos y el tiempo se diluye. Las compuertas de tu Yo se abren y todo tu ser fluye con el instante. Los abres, y ya no eres el perro apaleado de antes, la sonrisa postiza se te cae, la carne se relaja, las manos vuelan y serías capaz de abrazar, de besar a cualquiera de los cuerpos pálidos que se agitan en la misma penumbra que tú.

Estás en trance.

Y ese trance te separa del tiempo, abriéndote las puertas del ahora, un instante compartido entre todos los que saltasteis el abismo ardiente del vaso y rompisteis el cristalino reflejo de vuestra seriedad, yo no adoraría a un Dios que no supiera bailar y vosotros sois ahora ese Dios y estáis vivos.

Estáis vivos.

Pienso en Jack Kerouac y Neal Cassady emborrachándose y colocándose hasta la destrucción - me enseñan que has de destruir una parte de ti para ser libre. Buscaban la vida y la libertad, y es una causa muy digna en un mundo de predicadores de la muerte.


Fotograma de On the road (Walter Salles, 2012)


El espíritu de la Generación Perdida y los hippies -y sus psicodélicos- guiaron a grupos tan fantásticos como los Grateful Dead (americanos) o Amon Duul (Krautrock), que son capaces de llevarte a ese estado de trance con su música psicodélica. Hoy escucho a este joven grupo alemán y siento que su espíritu no se ha perdido.




Aparte del consabido "On the road", de Kerouac, recomiendo la lectura del periodista Tom Wolfe "Ponche de ácido lisérgico", que sigue a Ken Kesey y Neal Cassady en un viaje en autobús por Norteamérica con los Merry Pranksters, su alocados amigos hippies.



26 agosto 2013