03 agosto 2014

Proyecto Casa de Muñecas. Presentación del proyecto

"Soy tu muñeca rota.
Me vistes, me peinas, me haces hablar...
Y ahora me quitas lo más íntimo: el deseo"

Muñecas rotas. Sin sexo, sin cabeza, quiméricas, quemadas, transexuadas... víctimas de la cultura, de la dictadura de la imagen. El hombre proyecta su ideal en las representaciones que hace de sí mismo. Hay proyecciones de todo tipo: con un fin estético, como los maniquíes, práctico, como los robots, y también lúdico. Este es el caso de las muñecas.




Llevo un par de años haciendo proyectos sobre los medios de comunicación y la dictadura de la imagen, y ahora le ha tocado el turno a los muñecos, por los que siento una atracción especial. Me interesan sobre todo las muñecas, porque, como decía, son una proyección del ideal femenino con un fin lúdico, pero también pedagógico. Mientras que los niños siempre han jugado con coches, pelotas, monstruos, indios y vaqueros; a las niñas se les daban muñecas con forma de bebé. Se les enseñaba así a ser una buena madre. Los niños tienen dinosaurios, robots y Action-man, o lo que es lo mismo, hombres de acción; y no encuentro una heroína a la altura de las niñas, cuya muñeca favorita es la Barbie. A la niña a la que se le da una Barbie para jugar se le está educando para que de mayor sea como la muñeca, una mujer-objeto; además de perfecta ama de casa. Una conocida, y madre de dos hijos, se quejaba así de las expectativas de las niñas:

"Claro, como las niñas juegan con Barbies, de mayores todas quieren ser como la Barbie: llevar ropa muy fashion, con el pelo fashion, y las uñas pintadas fashion; y esperan que vayas a todos lados guapísima, y que además trabajes y hagas las tareas de casa y que sepas informática e idiomas..."

Es cierto que la Barbie ha tenido muchos oficios desde mi infancia, cuando sólo cambiaba de vestido; pero su destino sigue siendo casarse con Ken, su príncipe azul, y vivir en un mundo de lujo y felicidad.  Las muñecas más modernas, como las Monster High, creo que son aún peores modelos de conducta porque son básicamente guarrillas de instituto que salen con los guaperas de clase, y por mucho que pretendan ser las defensoras de la diferencia y de lo raro, todas son anoréxicas, llevan plataformas y se pintan como puertas. Estas muñecas que orientan al consumo y a la belleza física son el relevo de las antiguas muñecas de porcelana, que se cuidaban con tanto mimo como a un hijo o una hermana pequeña.




En este proyecto titulado "Casa de Muñecas" me propongo modificar y recombinar estas muñecas para crear muñecas alternativas: feas, monstruosas, deformes; muñecas que manifiesten somáticamente la represión para la que se han diseñado, y que se impone a las mujeres en general y a las niñas en particular. Y es que la Barbie, la Monster High o la muñeca de porcelana comparten todas el mismo cuerpo femenino sin sexo y, por tanto, sin deseo.

"Casa de muñecas" se plantea como una instalación que recree este ensueño de infancia y deseo controlados, que sea un recorrido por el que el espectador se mueva, toque y descubra; recogiendo tanto elementos objetuales -como las muñecas- como gráficos (fotografías y carteles) que conforman una escenografía, para dar la ilusión de ser un espacio habitado por estos seres, es decir, una casa de muñecas.

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