Voy a inaugurar una nueva sección del blog: una serie de artículos dedicados a analizar la publicidad. Spots, carteles y eslóganes que me llamen la atención o que me gusten.
La publicidad es parte de nuestras vidas, nos rodea y nos infiltra ideas casi sin darnos cuenta, como la hipnopedia. Algunos tipos de publicidad pueden ser considerados verdaderas obras de arte, cuando te sorprenden, te aportan algo nuevo y van más allá de ser una mera propaganda de los valores establecidos. Otras veces la publicidad se hace eco de las modas, lo que la gente piensa o dice, y vemos reflejado en un espejo deforme el espíritu de nuestro tiempo. En cualquier caso, son una parte más de la cultura popular, como pueden ser el cine, la música o la moda; y por eso quiero incluirla entre los temas de discusión de este blog.
Hacía mucho tiempo que quería hablar de publicidad, pero hasta hoy no me he decidido a empezar, y voy a hacerlo con un tema muy sencillo pero simpático: un anuncio de pantalones vaqueros de la marca Levi's.
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26 marzo 2016
18 agosto 2015
Inocencia en venta: el concepto de kawaii japonés
Últimamente no estoy publicando nada, y es que el trabajo de fin de máster me está absorbiendo todo el verano. Se trata de mi cómic Otoño y de una investigación teórica sobre las representaciones de la inocencia. Podéis ver los progresos en mi otro blog Otoño dedicado al proyecto. Quería colgar aquí un artículo que he escrito en la línea de la investigación, como anexo especial sobre la estética de la inocencia en Japón. En él podéis encontrar algunas claves sobre la cultura kawaii, el fenómeno idol, referencias al manga y al anime, al cine de animación japonés y al arte de Takashi Murakami.
Otoño. Kawaii idol: la estética de la inocencia un recorrido por diversas manifestaciones de la estética kawaii en Japón. Otoño es el blog de mi proyecto de cómic "Otoño" y de mi trabajo de fin de máster "Inocencia en venta. Representaciones de la inocencia".
Otoño. Kawaii idol: la estética de la inocencia un recorrido por diversas manifestaciones de la estética kawaii en Japón. Otoño es el blog de mi proyecto de cómic "Otoño" y de mi trabajo de fin de máster "Inocencia en venta. Representaciones de la inocencia".
31 enero 2015
Historias del efecto mariposa
El efecto mariposa es
una película construida en torno a la idea de que un pequeño cambio en la vida
de una persona puede transformar profundamente la totalidad de su futuro. El
protagonista, Evan, puede viajar al pasado y cambiar momentos cruciales de su
vida. Cuando vuelve al presente, nunca vuelve a la misma vida, siempre es una
persona distinta, y las consecuencias de su acción en el pasado se vuelven
incontrolables y catastróficas.
Nota: si no habéis visto la película y no queréis spoilearos demasiado, id directamente a la sección reflexiva titulada "Estrategias de la identidad".
El efecto mariposa (Eric Bress, J. Mackye Gruber, 2004)
Al principio de la historia, se nos muestra al protagonista
de joven, como un niño raro, que tiene pequeñas crisis de amnesia en momentos
de gran tensión. Su padre está internado en un psiquiátrico y su madre intenta
criarlo con normalidad a pesar de su extraña anomalía. Vemos cómo crece en un
ambiente más o menos hostil: en un barrio residencial de clase media, junto a
sus amigos, afrontando la violencia, las drogas, los abusos sexuales, etc.
Escribe en un diario los sucesos más importantes, especialmente aquellos en los
que pierde la memoria.
Cuando las compañías y los sucesos del barrio se tornan
demasiado retorcidos, se muda con su madre y cambia de vida, crece, estudia
Psicología en la universidad, comparte piso con un gótico y es un chico
atractivo, sensible y divertido; bastante normalito, si no tenemos en cuenta su
extraña enfermedad. En estos años, desde que se mudó, no ha vuelto a tener
crisis de amnesia. Su curiosidad por saber quién es y qué le ocurre le empuja a
reencontrarse con una de sus amigas de la infancia, la chica que le gustaba, llamada
Kayleigh. Le perdió la pista cuando se mudó de casa y ella ahora trabaja en una
cafetería al pie de la carretera. Evan intenta sonsacarle qué ocurrió en una de sus crisis, cuando el padre de la chica intentaba grabar con ellos una
película de pornografía infantil, pero sólo consigue que ella se enfade y se
niegue a contarle nada. Esa misma noche, la chica se suicida.
Evan revisa sus diarios y lee lo que escribió ese día
fatídico. Vemos cómo las letras empiezan a bailar sobre las líneas del cuaderno
y todo el escenario a su alrededor se vuelve borroso. Evan viaja al pasado, al
momento exacto en el que el padre los estaba grabando a él y a la chica. Pero
conserva su mentalidad de adulto, y detiene al padre amenazándole con el trauma
que supondrá para la niña y el mal futuro que les aguarda a todos.
De este modo, cambia el pasado, pero al volver, ya no existe
su vida anterior. Despierta en una habitación de ensueño, con un peinado
distinto, al lado de su amor de la infancia. Vemos pasar en una sucesión
borrosa los nuevos recuerdos de esa vida: cómo crecen juntos, cómo se gradúan,
cómo van a la universidad. Evan ya no es un tío normal, que comparte piso con
el gótico y tiene una prometedora carrera de psicólogo por delante; sino que ahora
es un pijo redomado, vive en una prestigiosa residencia de estudiantes, y no
aparece mucho por clase. Conserva su conciencia de la anterior vida, y mira
estupefacto a lo que ha llegado en ésta: su relación de varios años con la
chica, su ropa pija, su estatus social de “popular”. Más tarde, al volver de
una cena con Kayleigh, se encuentran al hermano de ésta, que acaba de salir de
la cárcel. Tommy, que de pequeño odiaba que Evan saliera con su hermana; en
esta vida es un delincuente y quiere vengarse. Descubrimos que la advertencia
que le hizo al padre cuando viajó al pasado, “deja en paz a tu hija y
disciplina a tu hijo”, ha convertido al hermano en un psicópata. El hermano se
abalanza sobre Evan y éste se defiende y lo tumba en el suelo. De pronto, le
llega un arrebato y mata al hermano a golpes.
Y así es como acaba en la cárcel. Evan está convencido de
que tiene que poder arreglarlo con otro viaje al pasado. Consigue que le envíen
sus diarios y vuelve al momento en el que el hermano, preso de celos, intentó
quemar al perro de Evan. En ese momento estaba con ellos su otro amigo, Lenny,
con el que siempre se metía Tommy. Evan le da un trozo de chatarra cortante a
Lenny para que rompa el saco en el que está metido el perro y se encaminan al
encuentro del hermano. Como hizo con el padre de éste, detiene la barbaridad
advirtiéndole sobre el mal futuro que le espera. Lo que Evan no espera es que Lenny
utilice la chatarra para matar al hermano. Y así termina el flashback.
Vuelta al futuro, vemos que Evan se ha mudado igualmente con
la madre y comparte piso con el gótico. Hay sutiles diferencias, como que el
piso está colocado al revés, y otras más catastróficas: Lenny ha sido internado
en un psiquiátrico y Kayleigh es drogadicta y se dedica a la prostitución. Evan
busca consejo en su padre, y viaja al pasado al día que fue a visitarlo al
manicomio. Descubre que su padre tenía el mismo extraño poder de viajar al
pasado. Éste le advierte que está jugando a ser Dios y que terminará loco, como
él; y para que no empeore la vida de los demás, intenta asfixiarlo. De vuelta
al presente, Evan busca a Kayleigh. Le intenta explicar que puede viajar a los
“huecos” de su memoria y cambiar el futuro. Le promete que va a salvarla. Ella,
muy escéptica, lo reta a impedir que muera su hermano o que explote el buzón que
mató a la vecina.
Y Evan vuelve a viajar al pasado dispuesto a crear un futuro
que sea bueno para todos.
Esta vez viaja al momento en el que, auspiciados por Tommy,
pusieron un cartucho de dinamita en el buzón de la vecina. En el momento en el
que va a estallar, la vecina sale de casa con su bebé y pasa al lado del buzón.
Evan corre hacia ellos diciéndoles que se aparten, y Tommy empuja a la señora y
la salva. La dinamita estalla y Evan pierde el conocimiento.
Despierta en una nueva vida totalmente distinta. A causa del
accidente, ha perdido los brazos y la movilidad en las piernas; Tommy se ha
metido a una hermandad religiosa de la universidad y ahora es un santo, y Kayleigh
está saliendo con Lenny. Todos son felices, menos Evan. Y, por si fuera poco, su
madre está enferma del pulmón y a punto de morir. Esta es la peor vida que le
podía tocar. Intenta recuperar a la chica, pero ella está enamorada del amigo
gordo: las cosas han resultado así. Ewan intenta suicidarse. Por suerte no lo
consigue, y vuelve al pasado una vez más.
De nuevo, al momento en el que el padre de Kayleigh
intentaba grabar una película pornográfica. Evan enciende el cartucho de
dinamita, que tenía el padre en el sótano, y lo amenaza para que les deje en
paz. Pero el padre se lo tira y lo recoge Kayleigh, justo cuando va a estallar.
Evan despierta en la celda de un psiquiátrico. Efectivamente,
han terminado tomándolo por loco. Los psicólogos conocen sus historias de
viajes al pasado y le dicen que todo son invenciones suyas para superar la
muerte de Kayleigh, y que los diarios no existen. Parece que ha llegado a un
callejón sin salida. Evan intenta un último viaje al pasado a través de un
vídeo familiar de una fiesta de cumpleaños, el momento en el que conoció Kayleigh.
Se acerca a ella y la amenaza con matarla a ella y a su familia. Es el único
modo que tiene de salvarla: alejarla de su vida.
Vuelve al presente y está compartiendo piso con Lenny. Los
dos son brillantes estudiantes y les va bastante bien. Y nadie sabe nada de
Kayleigh. Con su amigo Lenny, Evan quema los diarios, para impedir que se rompa
el frágil equilibrio que ha conseguido alcanzar. La última escena de la
película nos muestra a un Evan maduro, con pinta de eminente psicólogo,
caminando por la calle y cruzándose de pronto con Kayleigh, a la que parece que
también le ha ido bien en la vida. Evan la reconoce, pero pasa de largo, e
intuimos que está pensando que, de todas las vidas posibles que podía haber
tenido, ésta es la mejor para todos.
Estrategias de la identidad
Las películas de viajes en el tiempo suelen estar llenas de
paradojas y guiños. Evan no puede predecir todas las consecuencias que tendrán
sus decisiones sobre la vida de él y de los que le rodean. Y termina por
volverse loco. Los guionistas de la película juegan con la vida de los
personajes como si de muñecos en un tablero se tratara. Determinados hechos del
pasado hacen que vayan de aquí para allá y sean más o menos felices en su vida.
Lo que me interesa destacar de esta película sobre viajes en
el tiempo es la escala milimétrica a la que se construye la identidad de Evan
en cada una de sus vidas posibles. Desde el aspecto físico hasta el
psicológico, vemos las posibilidades de desarrollo del niño. En la primera
vida, como he dicho antes, es un chico bastante normalito, buena persona, un
poco rarito, y que quiere descubrir quién es. El público se identifica
fácilmente con él y se engancha a la trama para el resto de la película.
En la segunda vida, es un pijo, trata con superioridad a los
que considera débiles, y, anecdóticamente, es menos habilidoso en el amor (su
novia le pregunta, después del sexo: “¿dónde has aprendido esos trucos?”). En
un momento dado, se espera de él que participe en las novatadas que se hacen a
los nuevos. Evan se encuentra delante de una fila de novatos a los que se
supone que tiene que humillar; sin saber cómo, y de pronto le da un arrebato y
se pone a hablarles en plan autoritario, de un modo que el viejo Evan habría
sido incapaz. Su nuevo yo se ha apoderado de él en el momento. Es el mismo que
le hace matar al hermano, a Tommy, cuando éste los ataca.
La cuarta vida es para él muy similar a la primera, mismo
aspecto, mismo compañero de piso gótico; lo que más impresiona es el cambio que
da Kayleigh, que de la dulce niña, la guapa animadora y la camarera triste,
pasa a prostituta drogadicta con una cicatriz en la mejilla.
En la tercera vida Evan pasa de lo más alto a lo más bajo. Su
aspecto es ahora más desaliñado, más torpe al hablar, va en silla de ruedas y
tiene la autoestima por los suelos. Por su estatus de inválido, es
menospreciado por sus compañeros de universidad y su amada Kayleigh, que está
saliendo con su mejor amigo, lo ve como una persona dependiente, un
discapacitado, no apto para el amor. Además, del disgusto, le ha provocado una
enfermedad crónica a su madre. La pérdida del amor, la pérdida de poder y la
culpa le llevan al intento de suicidio.
Nuestra última visión de Evan es de un interno en un
psiquiátrico. Lo vemos comportarse con agresividad y paranoia, ahora lleva el
pelo más largo y asalvajado y tiene un auténtico aspecto de demente.
En la sucesión de sus vidas posibles, vemos como Ewan
evoluciona hacia un ser nietzscheano. En cierto
modo, juega a ser Dios con su destino y con el de los que le rodean, está por
encima del Bien y del Mal, y no le importa amenazar, extorsionar, o atacar a
los demás con tal de conseguir sus fines. Nos choca, sobre todo, verle actuar
con la violencia de un adulto en su cuerpo de niño, cuando viaja al pasado.
Aunque sus motivaciones no dejan de ser honestas: que él y que sus seres
queridos tengan la mejor vida posible. Pero no hay ninguna vida que sea
perfecta. Parece que el destino fuera una balanza que se equilibra
inevitablemente: cuando él consigue a la chica que quiere, el hermano termina
mal; cuando evita que el hermano mate al perro, el hermano muere, la chica termina
de prostituta y el amigo, internado en un psiquiátrico. Cuando consigue que a
todos les vaya estupendamente bien, le toca quedarse sin brazos y sin piernas,
confinado a una vida de dependencia. Parece que, al final, el precio que tiene
que pagar por que todos estén lo mejor posible es renunciar a la mujer de su
vida.
Esta retahíla de imágenes es con lo que me quedo de esta película. Lo que más me gustó fue la variedad de identidades que se iban creando sobre la misma base de personaje en función de los cambios de guión. Es un trabajo duro y complejo, construir a un personaje, su imagen y su autoimagen, sus gustos, su modo de andar y gesticular, su modo de querer. Para construir cada una de estas identidades, los guionistas han tenido que tener en cuenta el contexto en el que vive y las relaciones personales que mantiene. Todos estos factores condicionan enormemente nuestra identidad, que no es un bloque sólido, sino más bien algo líquido.
Cuando me pongo a reflexionar sobre mi propia biografía y pienso en la cantidad de decisiones y casualidades que me han llevado hasta donde estoy ahora, me doy cuenta de lo frágil que es todo. Y a veces veo a gente que se me parece por la calle y no puedo evitar imaginarme si acaso serán otras versiones de mí que han tomado distintas decisiones ante las cuestiones y retos que se me han planteado en la vida. Pero esta divagación me llevaría muy lejos, y tendré que dejarla para otra entrada que bien podría titularse "Las vidas posibles de Sonia Palacín Blasco".
28 agosto 2014
Proyecto Casa de Muñecas. Influencias.
Para este proyecto, me he inspirado en los siguientes artistas que han trabajado con muñecas de un modo crítico y, muchas veces, perverso. Son un referente estético en este proyecto hasta el punto de haberlos incluido en la instalación como "fotos de familia".
Esta artista es de origen español y ha realizado su investigación entre España y Norteamérica. Es una de las pioneras en la aplicación de las nuevas tecnologías de la reproducción y la generación de imágenes al ámbito artístico. En su obra utiliza de un modo creativo fotocopiadoras, faxes, programas de retoque de imagen y vídeo. Su discurso se mueve entre la tecnología, el cuerpo, la violencia y la defensa de la mujer.
Parte de su obra está centrada en la fotografía de muñecos.
En la serie "Clónicos", visita la fábrica de Famosa y realiza fotografías del proceso de producción industrial de muñecos.
(Más información en la página web de Marisa González)
Este director surrealista checo emplea multitud de muñecos y títeres en sus películas y, en general, es capaz de animar cualquier objeto mediante la técnica del stop-motion acompañada de efectos sonoros. En este trabajo me he inspirado en su estética decadente, desgastada por el paso del tiempo, que en el caso de los muñecos se convierte el algo siniestro.
Uno de los cortometrajes que más me impresionó fue Jabberwocky, producido en 1971. El título hace referencia a un poema de Alicia en el País de las Maravillas, y es muy adecuado, pues la obra está dedicada al mundo de la infancia, y en ella se desarrollan una serie de escenas más o menos absurdas entre juguetes, libros, uniformes escolares y objetos del hogar. Las imágenes que he tomado para las fotos de familia provienen de una de las escenas más siniestras de este corto, la de la habitación de las muñecas, en la que unas muñecas de porcelana cocinan y se comen a otras muñecas más pequeñas.
Marisa González
Esta artista es de origen español y ha realizado su investigación entre España y Norteamérica. Es una de las pioneras en la aplicación de las nuevas tecnologías de la reproducción y la generación de imágenes al ámbito artístico. En su obra utiliza de un modo creativo fotocopiadoras, faxes, programas de retoque de imagen y vídeo. Su discurso se mueve entre la tecnología, el cuerpo, la violencia y la defensa de la mujer.
Parte de su obra está centrada en la fotografía de muñecos.
En la serie "Clónicos", visita la fábrica de Famosa y realiza fotografías del proceso de producción industrial de muñecos.
Marisa González, serie "Fábrica de clónicos", 1993-1997
La imagen de esta artista que más me impactó, y que he tomado para las fotos de familia, fue una fotografía en blanco y negro hecha durante su estancia en Chicago. Se trata de una muñeca abandonada hallada en un callejón del barrio negro. La artista la fotografía de modo que parece una víctima de una violación. En esta imagen, la artista identifica con la muñeca una situación de vulnerabilidad y objetualización de la mujer.
Marisa González. Serie "Violación". 1972-1973
Jan Svankmajer
Uno de los cortometrajes que más me impresionó fue Jabberwocky, producido en 1971. El título hace referencia a un poema de Alicia en el País de las Maravillas, y es muy adecuado, pues la obra está dedicada al mundo de la infancia, y en ella se desarrollan una serie de escenas más o menos absurdas entre juguetes, libros, uniformes escolares y objetos del hogar. Las imágenes que he tomado para las fotos de familia provienen de una de las escenas más siniestras de este corto, la de la habitación de las muñecas, en la que unas muñecas de porcelana cocinan y se comen a otras muñecas más pequeñas.
Imágenes del corto Jabberwocky, de 1971, dirigido por Jan Svankmajer
(Ver corto en Youtube)
La animación de Svankmajer emplea muñecos y juguetes para expresar traumas y tabúes del mundo adulto. Sus muñecos son caricaturas de la sociedad soviética. Además tiene una gran sensibilidad para los materiales, y cuida mucho las texturas y el estado de los objetos que emplea en sus animaciones. Es un investigador de lo que yo llamo "la vida secreta de los objetos".
Hans Bellmer
Este artista de origen polaco dedica su obra a la construcción y fotografía de muñecas. Trabaja con muñecas rotas, amputadas y recombinadas entre sí. Su primera muñeca, construida en 1933, estaba hecha de madera, metal y escayola; posteriormente elaboró otra muñeca con articulaciones de bola que hacían posible recombinar sus miembros libremente. La imagen resultante es una muñeca deforme, una víctima del culto al cuerpo perfecto del régimen nazi (desnuda por completo salvo los zapatos); pero también es una encarnación de las fantasías eróticas del autor. En la mente de Hans Bellmer, la anatomía se rebelaba contra el orden natural, el cuerpo femenino se identificaba con el masculino y ambos se regían por la violencia y el deseo. En Anatomía de la imagen, explica así su visión narcisista del amor:
"El hombre arrebatado por una mujer y por sí mismo no desespera sino demasiado tarde de pulir el ciego espejo de plomo que la mujer representa, para exaltarse en él y verla a ella exaltarse".
(Hans Bellmer, Anatomía de la imagen, Ediciones La Central, 2010, Barcelona)
Muñecas de Hans Bellmer
El artista tiene una extensa obra fotográfica en la que recoge diversas y delirantes combinaciones de sus muñecas. Realizó un gran aporte al surrealismo al expresar en cuerpo de estas muñecas sus obsesiones, al transformar su anatomía, al violarlas. Es el artista de quien más imágenes he tomado para las fotos de familia, porque son las imágenes más efectivas. Hay otro motivo aparte de la deformidad: en sus fotografías, Bellmer consigue que las muñecas parezcan vivas. A pesar de que su anatomía sea imposible, logra que el espectador halle sentimiento en su mirada, humanidad en su postura, y se produce la identificación. Aunque en el estudio fuera un objeto, en la imagen parece una persona.
20 junio 2014
Sólo los amantes sobreviven. Una película de vampiros poco convencional.
Desde el primer plano, sabemos que lo que vamos a contemplar no es de este mundo. En su nuevo largometraje Sólo los amantes sobreviven, Jim Jarmush nos introduce en un viaje espiritual por la vida diaria -o mejor dicho, nocturna- de dos vampiros del siglo XXI.
Adam y Eve son una pareja de seres milenarios que contemplan desde fuera la caída de la Humanidad. Han sobrevivido a las guerras, han conocido a los grandes artistas y científicos de la Historia, son extremadamente cultos y sensibles... pero necesitan beber sangre para sobrevivir. Reúnen lo más espiritual y lo más carnal del hombre. Son vampiros, y lo percibimos en su modo tan elegante de andar, en su modo de llamar a las cosas por su verdadero nombre, y en su percepción del tiempo, mucho más dilatada que la de los mortales. Podrían ser dos personajes hieráticos e inexpresivos, como estamos acostumbrados a ver, pero realmente nos los creemos y es inevitable empatizar con ellos. Son hermosos y sabios, pero a la vez están marginados y son terriblemente frágiles. Condenados a vivir lejos de la luz del sol y a ocultarse de los zombis, como llaman a los humanos; aunque los necesiten y recurran a métodos inofensivos para conseguir su alimento. Cuando están hambrientos, uno siente verdadera pena por ellos, en cierto modo son como drogadictos que no pueden vivir sin su dosis.
Adam (Tom Hiddleston) es un hombre melancólico, dado a encerrarse en sus meditaciones y en su oscura música. Posee una habilidad increíble con los instrumentos de cuerda y una curiosidad inacabable por el progreso científico. Pero le pesa la inmortalidad y ha perdido el sentido de la vida. Lo vemos languidecer en su mansión de las afueras de Detroit, abarrotada de cachivaches viejos, fotografías de viejos amigos (algunos muertos hace siglos) e instrumentos musicales de toda clase. Su aspecto es de un hombre de treinta años, de piel pálida, pelo largo y enmarañado y estética grunge. Es la imagen del poeta romántico y amargado vestido al estilo de los años 70. Recuerda a Eduardo Manostijeras y a Sueño, el héroe masculino del cómic Sandman (Neil Gaiman).
Eve (Tilda Swinton) es una especie de hada del bosque, son sus rasgos afilados, su esbelta figura y su pelo pajizo y mortalmente blanco. Aparenta algo más de edad que Adam, y también parece haber "nacido" antes. Es el complementario de su amante. Mientras que él se interesa por la ciencia, ella está muy ligada a la naturaleza y es capaz de saber la antigüedad de un objeto con sólo tocarlo. Es tierna y compasiva, y conserva la fe en la vida. Vive rodeada de libros antiguos en un hermoso piso perdido en las callejuelas de Tánger. Es como una versión siniestra y algo masculina de una doncella renacentista.
Lo que hace a esta película diferente del resto es la naturalidad con la que se nos presentan los vampiros. Cuando uno piensa en una película de vampiros, espera ver la dentellada en el cuello y el rito orgiástico de beber la sangre. Al fin y al cabo, eso es lo más morboso de los vampiros, la sublimación sexual a través del canibalismo. Y, sin embargo, Jim Jarmush habla de la cotidianidad de estos vampiros sin ningún espectáculo. Y lo hace de modo que cada movimiento es pura poesía. El guión está lleno de pequeños momentos mágicos, como aquel en el que bailan en el salón. La imagen está muy cuidada, la iluminación es tenebrista, y la cámara se recrea en la belleza de los actores. Otra joya de la película es el sonido. La banda sonora corre a cargo de SQÜRL y Josef van Wissen y combina música arábiga con rock sinfónico de un modo que te pone en trance. La música es también parte de la identidad de los personajes: la música de Eva es mágica y misteriosa, mientras que la que compone Adam te envuelve en una atmósfera pesada. Es como si una te elevara a la vida, y la otra te arrastrara a la muerte. Ambas músicas resuenan en la misma danza en espiral.
Adam y Eve son una pareja de seres milenarios que contemplan desde fuera la caída de la Humanidad. Han sobrevivido a las guerras, han conocido a los grandes artistas y científicos de la Historia, son extremadamente cultos y sensibles... pero necesitan beber sangre para sobrevivir. Reúnen lo más espiritual y lo más carnal del hombre. Son vampiros, y lo percibimos en su modo tan elegante de andar, en su modo de llamar a las cosas por su verdadero nombre, y en su percepción del tiempo, mucho más dilatada que la de los mortales. Podrían ser dos personajes hieráticos e inexpresivos, como estamos acostumbrados a ver, pero realmente nos los creemos y es inevitable empatizar con ellos. Son hermosos y sabios, pero a la vez están marginados y son terriblemente frágiles. Condenados a vivir lejos de la luz del sol y a ocultarse de los zombis, como llaman a los humanos; aunque los necesiten y recurran a métodos inofensivos para conseguir su alimento. Cuando están hambrientos, uno siente verdadera pena por ellos, en cierto modo son como drogadictos que no pueden vivir sin su dosis.
Adam (Tom Hiddleston) es un hombre melancólico, dado a encerrarse en sus meditaciones y en su oscura música. Posee una habilidad increíble con los instrumentos de cuerda y una curiosidad inacabable por el progreso científico. Pero le pesa la inmortalidad y ha perdido el sentido de la vida. Lo vemos languidecer en su mansión de las afueras de Detroit, abarrotada de cachivaches viejos, fotografías de viejos amigos (algunos muertos hace siglos) e instrumentos musicales de toda clase. Su aspecto es de un hombre de treinta años, de piel pálida, pelo largo y enmarañado y estética grunge. Es la imagen del poeta romántico y amargado vestido al estilo de los años 70. Recuerda a Eduardo Manostijeras y a Sueño, el héroe masculino del cómic Sandman (Neil Gaiman).
Eve (Tilda Swinton) es una especie de hada del bosque, son sus rasgos afilados, su esbelta figura y su pelo pajizo y mortalmente blanco. Aparenta algo más de edad que Adam, y también parece haber "nacido" antes. Es el complementario de su amante. Mientras que él se interesa por la ciencia, ella está muy ligada a la naturaleza y es capaz de saber la antigüedad de un objeto con sólo tocarlo. Es tierna y compasiva, y conserva la fe en la vida. Vive rodeada de libros antiguos en un hermoso piso perdido en las callejuelas de Tánger. Es como una versión siniestra y algo masculina de una doncella renacentista.
Lo que hace a esta película diferente del resto es la naturalidad con la que se nos presentan los vampiros. Cuando uno piensa en una película de vampiros, espera ver la dentellada en el cuello y el rito orgiástico de beber la sangre. Al fin y al cabo, eso es lo más morboso de los vampiros, la sublimación sexual a través del canibalismo. Y, sin embargo, Jim Jarmush habla de la cotidianidad de estos vampiros sin ningún espectáculo. Y lo hace de modo que cada movimiento es pura poesía. El guión está lleno de pequeños momentos mágicos, como aquel en el que bailan en el salón. La imagen está muy cuidada, la iluminación es tenebrista, y la cámara se recrea en la belleza de los actores. Otra joya de la película es el sonido. La banda sonora corre a cargo de SQÜRL y Josef van Wissen y combina música arábiga con rock sinfónico de un modo que te pone en trance. La música es también parte de la identidad de los personajes: la música de Eva es mágica y misteriosa, mientras que la que compone Adam te envuelve en una atmósfera pesada. Es como si una te elevara a la vida, y la otra te arrastrara a la muerte. Ambas músicas resuenan en la misma danza en espiral.
Condenados a vivir de noche hasta el fin de los días, Adam y Eve son una pareja de extraños que no pertenece a ningún lugar. Son héroes solitarios, y sólo se tienen a sí mismos -y a los pocos amigos de su clase que les quedan-, y están siempre en el límite del Bien y del Mal. En esto, se parecen mucho a los personajes de las road movies americanas, y se nota la influencia de este género en la película, y en cómo se recrea en los viajes por la carretera. Hay además un fetichismo por lo antiguo, por lo desvencijado, evidente en la decoración de la casa de Adam, que no deja de ser un regalo para la vista. Nosotros también amamos la decadencia.
Esta película hace de contrapeso cultural a las últimas películas de vampiros fast food que hemos podido ver (como Crepúsculo). En ellas se banaliza e incluso se domestica la figura del vampiro. Se es vampiro como se es gay. Los vampiros de Jarmush son tan humanos como los humanos. Si hubiera de compararlos con un referente literario, serían las Crónicas Vampíricas de Anne Rice. Sus vampiros, elegantes y sensuales, sufren a causa de la inmortalidad, y también son testigos del mundo. No castran su demonio interior (que sería el ideal de Crepúsculo), sino que dialogan con él, por decirlo así. Creo que en las películas de Entrevista con el vampiro y La reina de los condenados, que fueron la adaptación al cine de las novelas, se recrearon bastante en lo más visceral de los vampiros; pero guardo el recuerdo de los vampiros de Anne Rice como criaturas de gran profundidad.
En resumen, Sólo los amantes sobreviven es una película llena de sensibilidad, que merece la pena ser vista. No es la típica película de vampiros, y se desarrolla más como un drama que como cine de terror o de fantasía. Un regalo para los sentidos.
29 mayo 2014
Metrópolis
Quería contar una historia sobre la ciudad, pero no he podido. Quería ponerle imágenes y sonido a todas las sensaciones que había recolectado a lo largo de cuatro años, en el metro, en los supermercados y centros comerciales; pero sobre todo, en los largos paseos nocturnos de vuelta a casa en los que mi única acompañante era la ciudad.
En mi mente se arremolinaban escenas de angustia, violencia y terror como en una pesadilla metropolitana: un hombre entra en un vagón de metro y todos le observan y van vestidos igual que él; a un pasajero se le acaba la batería del móvil y comienza a agonizar; otro que chatea animadamente por el móvil entre una maraña de voces y que, cuando lo apaga, se encuentra totalmente solo en un vagón vacío. Historias de soledad, sí, y de hibridación con la tecnología, y de alienación. Me rondaba la cabeza una canción no terminada -en realidad la compuse hace un año y tardé un poco más en ponerle letra, pero siempre cambio alguna estrofa- titulada "Las calles de mi soledad" y que decía así:
Por las calles, paseando,
no estoy buscando
nada en particular.
El reflejo del espejo fragmentado
no sabe quién soy
quién es este cuerpo que sufre y que llora
y sigue corriendo y sigue soñando
a pesar de vivir, a pesar de morir
cada día un poco más.
Pasear por las calles,
cruzar escaparates,
maniquíes andantes,
2x1 en gafas de sol...
...
Las putas de la calle Montera,
barbudos en Lavapiés,
copas en Huertas, chicos en Chueca
y el chino de Plaza España.
Promesas de redención,
promesas de felicidad,
de acabar con la soledad
de este rincón.
La cuarta estrofa, donde he puesto puntos suspensivos, era una enumeración y siempre se me olvida. Ya encontraré el manuscrito original, tiene que estar en mi carpeta roja.
El caso es que yo tenía esas paranoias que quería expresar. Mi fascinación hacia la vida urbana me llevaba a grabar el sonido del metro con la ZOOM de la facultad (quién tuviera una grabadora propia!) y a filmar todo lo que llamaba mi atención con la cámara del movil, mediocre y temblorosa pero siempre a mano. Los vídeos no eran muy buenos, pero veía el trabajo de Jonas Mekas, de estética de vídeo casero (cutre), y me decía que si él podía, yo también.
Por fin llegó el momento de presentar el proyecto en clase de Audiovisuales y no tuvo muy buena acogida, quizá el concepto era demasiado abstracto o los vídeos del móvil muy malos. El caso es que Nayla se unió a mi delirio y entre ambas condensamos nuestras pesadillas para destilar tres historias que lo contaran todo. A saber, la fobia social, una historia en la que un chico es atacado por otros jóvenes que le quitan sus objetos personales; el amor, o la imposibilidad del amor, retratada en una chica que observa a un chico en una librería e imagina que rompe la barrera de la incomunicación; y por último, la chica que baila, tan pasada de rosca que ya le da igual todo, y baila para celebrar la luz y las sombras. Por si la película se convertía en una sucesión de historias cortas, me encargué de insertar unos montajes poéticos con mis vídeos caseros y mi música a los que llamé "transiciones". Pero tampoco quedé satisfecha. Lo que en su momento rezumaba vida y autenticidad quedaba desvaído a través del velo pixelado de la cámara. Y luego veía trabajos tan buenos como "Sans soleil" de Chris Marker con toda su poética, su imagen y su sonido impecables -y su voz en off ensayística, en francés- y me daba cuenta de que me quedaba mucho por contar.
En el proceso, había aprendido a filmar, a hacer story-boards y a adaptarme a las circunstancias que habían ido surgiendo -como la prohibición de grabar en el metro o la dificultad para encontrar actores en fechas cercanas a los exámenes-. Y me había demostrado a mí misma que podía llevar un proyecto hasta el final, apoyada por Nayla por supuesto -nada de esto habría sido posible sin ella-
Así que no hay que ver el vaso medio vacío, ha sido toda una experiencia. Me queda mucho por ver y por vivir, no me importa demasiado que mi "obra maestra" retrase el momento de su llegada un año más. Consideremos "Metrópolis" una obra de formación.
24 abril 2014
Amelie
Ya estaba tardando en hablar de Amelie. Fue una de las películas que marcaron mi infancia. Yo no entendía del todo a esa chica que empleaba su vida en hacer sonreír a los demás, pero veía en ella un modelo a seguir.
Hoy quisiera hablar sólo de la banda sonora. El cabrón de Yann Tiersen consiguió hacer una música que hablara por sí sola del espíritu de Amelie, que condensara su esencia sin necesidad de las imágenes. Magia, esperanza, alegría, ilusión, fragilidad. Todo eso se siente en esta música. Desde hace unos años, cada vez que la escucho me embriaga de tristeza. Me hace pensar en un sueño de felicidad que se ha desvanecido.
17 febrero 2014
Blade Runner, más humanos que los humanos.
Es difícil decidir qué decir sobre esta obra maestra de la ciberficción. Para mí alcanza la categoría de "sublime", y al escuchar su banda sonora no puedo evitar evocar la ciudad de luces y tinieblas, los suburbios superpoblados y decadentes, los anuncios de neones y geishas y la fuerza dramática de unos personajes que se aferran a la vida en el ocaso de la civilización.
Terminator: un ciclo épico sobre la caída de la Humanidad
Terminator es una saga de ciencia-ficción conocida por la figura omnipotente de Arnold Schwarzenegger. La acción trepidante y los efectos especiales respaldan una historia de resonancias bíblicas en la que unos héroes luchan por salvar al mundo del apocalipsis tecnológíco. No se trata, pues, de una simple película de acción, sino de una mecanoteología del futuro. James Cameron es el director de las dos primeras entregas, las cuales se analizarán a continuación.
22 enero 2014
13 septiembre 2013
Ich möchte kein Mann sein
No quiero ser un hombre, de Ernst Lubitsch, Alemania, 1918. Cine mudo.
Nada serio, por supuesto... pero es divertido ver a Ossi Oswalda interpretando a una niña que juega a ser hombre. Y lo mona que está con traje.
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